El Banco Central sumó reservas y festeja un aumento del 128% en comparación con la gestión anterior, pero los bancos internacionales advierten que la economía no va a arrancar hasta que no se libere el cepo para las empresas.
El festival de números verdes que celebra el Gobierno nacional en los despachos de Reconquista 266 parece transcurrir en un país completamente distinto al que caminan los ciudadanos de a pie. Mientras el Banco Central de la República Argentina (BCRA) saca pecho por rozar los 48.000 millones de dólares en reservas brutas gracias a un desembolso del FMI y un viento de cola internacional, la economía real sigue asfixiada. Los grandes bancos de inversión de Wall Street ya lo dejaron claro y no se cansan de repetirlo: el riesgo financiero y la recesión no van a ceder un milímetro hasta que el Ejecutivo se anime a levantar las restricciones cambiarias. ¿De qué sirve acumular divisas en una caja fuerte si la actividad productiva interna está totalmente paralizada?
El contraste es brutal y genera una indignación legítima en los sectores que intentan sostener el empleo en las provincias. Mientras los bonos soberanos suben un modesto porcentaje y la Bolsa porteña festeja ganancias financieras del 3% en sintonía con las acciones argentinas en Nueva York, el mercado inmobiliario real sufrió un golpe demoledor. El propio Colegio de Escribanos ratificó que el acceso a los créditos hipotecarios se hundió casi un 50% en comparación con el año pasado, congelando por completo la compra y venta de propiedades. Las finanzas vuelan alto en las pantallas de los especuladores, pero el acceso a la vivienda propia se convirtió en una fantasía inalcanzable.
La estrategia oficial consiste en maquillar la realidad con anuncios a largo plazo y sobrellevar la situación mediante el endeudamiento interno. De hecho, el Ministerio de Economía comandado por Luis Caputo prepara una mega licitación de deuda en pesos y dólares con tasas que comprometen las arcas públicas incluso más allá del término del mandato actual. Es una bicicleta financiera armada a la medida de los grandes fondos de inversión locales, los mismos que recomiendan posicionarse en títulos indexados por inflación mientras los depósitos a plazo fijo tradicionales pierden de manera sistemática contra el costo de vida real.
Para colmo, la pax cambiaria que intentan vender desde el oficialismo es una ilusión sostenida con alfileres. Durante las últimas jornadas, el dólar blue y las cotizaciones financieras volvieron a mostrar signos de fatiga y registraron subas que ya superan el rendimiento de las tasas de interés mensuales, sepultando la famosa timba del carry trade. Los parches temporales, como la promesa de reducir las retenciones al agro recién a partir de 2027 en cuotas trimestrales insignificantes, confirman que el sector productivo seguirá siendo el encargado de financiar el ajuste sin recibir ningún alivio inmediato.
La gestión actual insiste en que todo marcha sobre rieles basándose exclusivamente en el balance del Banco Central, omitiendo deliberadamente el enfriamiento de la calle y la caída del consumo. Mantener las restricciones cambiarias para exhibir un superávit ficticio tiene un costo altísimo que recae sobre las espaldas de la población trabajadora.
La pregunta que queda flotando en el ambiente económico es cuánto tiempo más se podrá sostener este esquema de acumulación forzada antes de que la parálisis de los sectores productivos se vuelva irreversible. Los números del Excel cierran a la perfección, pero la realidad de la calle demuestra que los dólares guardados no se traducen en bienestar para nadie.
