El fallecimiento de un menor de ocho años en Santa Fe por atragantarse con una bolita de vidrio desató la bronca ante las demoras provocadas por los traslados obligatorios a centros de mayor complejidad.
La muerte no debería formar parte de los juegos de la infancia, pero la falta de equipamiento de avanzada en las guardias del interior del país vuelve a transformar un accidente doméstico en una tragedia irreversible. Un nene de apenas ocho años perdió la vida en la localidad santafesina de Grütly tras sufrir una obstrucción total de las vías aéreas al tragarse una bolita de vidrio. El hecho no tardó en despertar la indignación colectiva debido a la cruda realidad de siempre: la necesidad de realizar un traslado desesperado por la ruta ante la imposibilidad de resolver la emergencia en el lugar de origen.
El drama se desencadenó durante la noche cuando el chico quedó sin aire al alojarse el objeto directamente en la zona de la glotis. Aunque la médica de guardia local intervino rápidamente, la precariedad de las herramientas obligó a armar un operativo de traslado en código rojo hacia el hospital de la ciudad de Esperanza, movilizando ambulancias, policías y agentes de tránsito para intentar abrir paso en el camino. ¿Hasta cuándo se va a depender de una carrera contrarreloj por las rutas en lugar de equipar las guardias locales como corresponde?
En el efector de salud receptor los profesionales realizaron intensas maniobras de reanimación avanzadas, pero el tiempo perdido durante el viaje terminó siendo letal y no lograron salvarle la vida. Desde el nosocomio se limitaron a declarar que se hizo todo lo posible, una frase que ya no alcanza para consolar a los sectores afectados por el abandono sanitario.
Este nuevo e irreversible episodio reabre la polémica sobre los riesgos a los que están expuestos los chicos con entretenimientos históricos que carecen de controles estrictos, sumado a un sistema asistencial que centraliza la alta complejidad lejos de donde ocurren las emergencias. La pérdida de una vida en estas condiciones demuestra que la periferia sigue completamente desprotegida ante los accidentes cotidianos.
La desolación se transformó en reclamos cruzados sobre las falencias estructurales que sufren las provincias. Dejen su opinión en el muro sobre este drama: ¿es negligencia por los elementos que se dejan al alcance de los menores o es una consecuencia directa de un sistema de salud que no da respuestas locales inmediatas?
