17 junio, 2026
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La autopsia determinó que el menor falleció por el choque pero los videos muestran cómo un vecino desbordado lo molió a palos en la camilla

La barbarie social y la inoperancia de las fuerzas de seguridad volvieron a unirse en una combinación letal dentro de la provincia de Buenos Aires. En la localidad bonaerense de Chascomús, un adolescente de quince años murió tras ser atropellado por un auto mientras circulaba en una moto con pedido de secuestro, pero el verdadero escándalo estalló al salir a la luz un video donde se observa a un vecino golpeándolo brutalmente en la cabeza mientras el chico agonizaba herido sobre una camilla.

La respuesta de la fiscalía a cargo de la investigación encendió la indignación de la sociedad, ya que las autoridades judiciales decidieron mantener la carátula de homicidio culposo basándose únicamente en los resultados de la autopsia preliminar. El informe forense dictaminó que el deceso se produjo por politraumatismos y hemorragias internas provocadas por el impacto del automóvil, intentando desvincular la salvaje paliza del desenlace fatal.

El argumento oficial de los investigadores resulta insólito y roza la complicidad con la violencia por mano propia. Según las fuentes del caso, el agresor era un simple testigo que se acercó a asistir al menor y supuestamente reaccionó a los golpes porque se sintió desbordado por la situación cuando la víctima comenzó a gritar del dolor por tener la cadera completamente fracturada.

La impunidad del episodio es total si se tiene en cuenta que el ataque vecinal se ejecutó a escasos metros de los médicos del SAME y de los propios efectivos de la Policía Bonaerense, quienes permitieron que el sujeto zamarreara del cuello al herido antes de intervenir. Mientras el conductor de la moto permanece internado en estado crítico, la familia de la víctima fatal exige que el atacante de remera blanca sea imputado por asesinato.

La degradación institucional en el territorio bonaerense llegó a un punto de no retorno donde cualquiera se siente con el derecho de rematar a un herido en la calle ante la mirada pasiva del Estado. La delgada línea entre la justicia y el salvajismo civil quedó completamente borrada en una secuencia que expone la descomposición absoluta de la convivencia social.

¿Hasta cuándo la Justicia va a seguir amparando a los violentos que hacen linchamientos amparándose en la excusa de la emoción violenta? Dejá tu opinión en los comentarios y compartí este caso para que el agresor de la camilla no quede impune.

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