De las madrugadas en la fábrica a encabezar las negociaciones más complejas del fútbol mundial. La historia del hombre que postergó todo para acompañar a Lionel hasta la cima.
Antes de encarar los contratos más acaudalados de la historia del deporte y presidir la mesa de decisiones junto a los dirigentes más poderosos del planeta, Jorge Messi construyó su vida a base de trabajo fabril en Rosario. Nacido el 1° de enero de 1958, el padre del diez argentino falleció a los 68 años dejando un legado marcado por el sacrificio y el perfil bajo.
Su rutina en la casa de la calle Lavalleja arrancaba a las 4 de la mañana para cumplir extensas jornadas laborales como técnico y gerente en una planta metalúrgica. Junto a su esposa Celia Cuccittini crío a sus cuatro hijos —Lionel, Rodrigo, Matías y María Sol—, garantizando el plato de comida mientras el pequeño astro daba sus primeras gambetas en Grandoli y las infantiles de Newell’s Old Boys.
Con el viaje a Barcelona y la posterior explosión futbolística de su hijo, Jorge asumió la responsabilidad de convertirse en su representante sin formación previa en la materia. Su máxima premisa fue siempre despejarle el camino a Lionel para que solo se enfocara en jugar, encargándose personalmente del desembarco en el PSG y la posterior llegada al Inter Miami.
A pesar de la trascendencia global, Jorge nunca dejó de ser la primera opinión que el capitán de la Selección buscaba tras cada partido.
