17 junio, 2026
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La modelo y el exfutbolista de Racing se trenzaron en una guerra de acusaciones cruzadas por el supuesto abandono de la perra que criaron juntos.

El ambiente del espectáculo y el deporte en la provincia de Buenos Aires está que arde con un nuevo frente de batalla que expone las peores miserias de las separaciones de los famosos. La periodista Cecilia «Chechu» Bonelli y el exdelantero Darío Cvitanich se convirtieron en los protagonistas de un cruce feroz que incluye amenazas de demandas judiciales y llamadas telefónicas cargadas de violencia verbal. El motivo de la discordia no es un departamento ni una cuenta bancaria, sino Frida, la perra que adoptaron juntos en su campo de San Nicolás y que ahora se transformó en un estorbo que ambos intentan sacarse de encima.

La interna familiar estalló cuando el exfutbolista decidió romper de manera unilateral el acuerdo de tenencia compartida del animal, argumentando de forma insólita que en su nueva estructura hogareña ya no tiene espacio para cuidarla. Ante la negativa de su expareja, la modelo comenzó a buscar alternativas desesperadas para deshacerse de la mascota, recurriendo a su personal doméstico e intentando trasladar al animal de forma permanente a la localidad de Baradero. ¿Cómo se puede pasar de llevar a un animal de viaje a Miami a tratarlo como si fuera un paquete de correo que nadie quiere recibir?

La indignación en el sector protector de animales escaló a niveles máximos al filtrarse que una empleada de la casa tuvo que intervenir para rescatar a la perra ante el desinterés de sus dueños originales. La situación judicial se tornó aún más dramática cuando Cvitanich, al enterarse de las maniobras de adopción externa, amenazó con iniciar acciones legales y envió de urgencia a su propio hermano para confiscar al animal, abriendo un debate feroz sobre la responsabilidad afectiva de las figuras públicas.

La disputa dejó al descubierto la hipocresía que muchas veces rodea los perfiles públicos de las celebridades, quienes exponen vidas familiares perfectas en las redes pero recurren al descarte ante la primera complicación logística. Mientras los representantes de ambas partes intentan calmar las aguas en los medios de comunicación bonaerenses, los reproches por el trato brindado al animal siguen sumando críticas demoledoras.

La perra quedó finalmente bajo el cuidado del entorno del jugador, pero la tregua es totalmente inestable. Dejen su opinión en el muro sobre este escándalo: ¿el comportamiento de la modelo y el futbolista es un reflejo de la falta de valores o consideran que las mascotas son una complicación real tras un divorcio conflictivo?

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