11 mayo, 2026
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Lo que era un trámite se convirtió en una pesadilla legislativa. La caída en la imagen pública y el escándalo del «Adornigate» resucitaron a una oposición que ahora le marca la cancha al Presidente. Sin mayorías y con la credibilidad por el piso, el oficialismo mastica bronca.

Se terminó la fiesta de la prepotencia. El Gobierno nacional, que hasta hace dos meses se sentía dueño de la verdad y de los votos, acaba de chocar de frente contra la realidad del Congreso. Martín Menem volvió a la Casa Rosada con la peor noticia: no están los números para derogar las PASO ni para tocar el financiamiento de los partidos. Los «tiburones» de la política tradicional detectaron que la narrativa oficial está herida de muerte por la crisis económica y los casos de corrupción, y ahora no están dispuestos a regalarle a Javier Milei la herramienta que necesitan para reorganizarse y sacarlo del sillón de Rivadavia en 2027.

La soberbia oficialista se topó con un muro. El plan para eliminar las primarias bajo la excusa del «gasto superfluo» era, en realidad, una jugada desesperada para dinamitar el reordenamiento de la oposición. Pero la taba viró. El «Adornigate» y la insistencia de Milei en proteger a funcionarios salpicados por la Justicia pegaron justo en la banda de flotación del relato de la «transparencia». Hoy, ni los «dialoguistas» más sumisos están dispuestos a votar una reforma que les quita el poder de decidir sus propias candidaturas.

El peronismo, desordenado y sin jefe, ya se frota las manos: saben que las PASO son el único ring donde pueden ordenar su interna para volver al poder. Pero el verdadero golpe viene de los propios «aliados»: la UCR y el PRO le soltaron la mano al Ejecutivo. Nadie quiere quedar pegado a un Gobierno que se desinfla en las encuestas. Los herederos de Alfonsín ya piensan en coaliciones alternativas, y en el PRO solo aceptarían la reforma si Mauricio Macri fuera el único dueño de la pelota, algo que hoy nadie puede asegurar.

La Constitución es clara y no perdona: para tocar el sistema electoral se necesitan mayorías especiales, esas que La Libertad Avanza está a años luz de conseguir por su propia cuenta. Les faltan 34 votos en Diputados que hoy parecen una montaña inescalable. El «poroteo» que en febrero daba ganador al oficialismo hoy es una cuenta en rojo que deja en evidencia la soledad de un poder que se creía eterno.

Mientras el Gobierno desfila hacia una reelección que hoy parece un espejismo, la oposición se abroquela. El argumento del ahorro fiscal ya no convence a nadie; lo que se percibe es el miedo de una gestión que no quiere competir con las reglas que ella misma juró respetar. Si Milei no logra recuperar la confianza social —esa que se le escapa entre los dedos con cada aumento de precios—, tendrá que bancarse las PASO y el financiamiento estatal que tanto detesta.

La Argentina es una montaña rusa, pero hoy el carro del oficialismo va en caída libre y sin frenos. El deterioro de la confianza social está haciendo estragos en la planificación política de la Casa Rosada. ¿Podrá el «León» dar vuelta este partido o terminará siendo devorado por la misma casta que prometió destruir? Por ahora, las PASO se quedan, y el Gobierno mastica el polvo de su propia debilidad legislativa.

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