11 mayo, 2026
Ar24-8

Tercer viaje internacional en tiempo récord. Mientras el Conurbano explota de inseguridad y los salarios no alcanzan para la comida, el Presidente se abraza con Netanyahu y acelera la mudanza de la embajada a Jerusalén, metiendo a la Argentina en el ojo de la tormenta mundial.

¿Presidente de los argentinos o embajador itinerante? Javier Milei volvió a subirse a un avión, esta vez con destino a Israel, para una gira cargada de misticismo y gestos geopolíticos de alto riesgo. Apenas pisó territorio israelí, corrió al Muro de los Lamentos para una visita espiritual, mientras acá los laburantes lloran frente a las góndolas. En medio de un conflicto bélico feroz, Milei no solo va a buscar distinciones y doctorados, sino que ratificó su plan de mudar la embajada argentina a Jerusalén, una jugada que nos pone en la mira del terrorismo internacional solo para alimentar su narrativa personal. ¡Prioridades por el piso!

Acompañado por su círculo íntimo —Karina Milei y los ministros Quirno y Mahiques—, el mandatario tiene una agenda que parece más la de un turista VIP que la de un jefe de Estado en emergencia. Hoy mismo se verá cara a cara con Benjamin Netanyahu para sellar una alianza que nos ata a un conflicto sangriento a miles de kilómetros de casa. Milei quiere validar a Jerusalén como capital, rompiendo décadas de tradición diplomática argentina y comprando problemas ajenos en un momento donde no nos sobra ni un centavo.

La gira es un desfile de condecoraciones: que el Doctorado Honoris Causa, que el encendido de antorchas por la independencia israelí, que visitas a academias talmúdicas. Mientras tanto, en las estaciones de servicio de Buenos Aires el combustible vuelve a subir y el consumo cae en picada. ¿Quién paga este tour internacional de fe y política? Los mismos que hoy no pueden pagar la luz. Es una cachetada de soberbia para un pueblo que le pidió soluciones económicas y recibe, a cambio, fotos en el Muro de los Lamentos.

La agenda sigue hasta el martes con reuniones con rabinos y visitas a iglesias, mientras los problemas reales de la Argentina (los despidos, la recesión y la caída del consumo) quedan en «stand by» hasta que el «León» decida volver de su viaje espiritual. Milei juega a la política internacional de ligas mayores pero con el bolsillo de los argentinos vacío. Recién el miércoles, si no decide quedarse a otra premiación, aterrizará en Ezeiza. ¿Traerá alguna solución o solo fotos con líderes extranjeros?

El país sangra y el Presidente festeja la independencia ajena. La desconexión con la realidad de la calle es total. Milei elige el escenario mundial para brillar mientras la Argentina real se apaga. Una gira de lujo en el momento menos oportuno. ¡Despertate, Javier, que acá la gente no come con doctorados honoris causa!

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