El mundo en vilo: Irán cerró el paso clave del petróleo y atacó buques en medio de un bloqueo cruzado con EE.UU. Trump avisó que habrá definiciones hoy mismo, pero la tregua pende de un hilo y las naftas amenazan con un nuevo salto.
La paz en el Estrecho de Ormuz duró menos que un suspiro. En un giro dramático que pone a la economía global contra las cuerdas, el régimen de Teherán volvió a bloquear la vía marítima por donde pasa el petróleo del mundo y disparó contra dos barcos que intentaron cruzar. Desde la Casa Blanca, Donald Trump respondió con su estilo habitual: «Se puso un poco astuto», ironizó sobre el líder iraní, pero advirtió que Estados Unidos no aceptará chantajes. Con la tregua del 22 de abril a punto de vencer, el planeta contiene el aliento ante lo que podría ser el inicio de una escalada militar sin retorno.
Irán no anda con vueltas. Tras un breve gesto de apertura, el mando militar conjunto anunció que el control del Estrecho es «estricto» y que no pasará ni un solo buque mientras Washington mantenga el sitio sobre los puertos iraníes. La situación es de una violencia extrema: durante este sábado se reportaron ataques directos contra barcos comerciales, una clara muestra de que Teherán está dispuesto a quemar las naves antes que ceder ante las «exigencias excesivas» de la administración republicana.
Trump, fiel a su retórica de hierro, asegura que las conversaciones «van bien», pero al mismo tiempo mantiene un bloqueo naval asfixiante sobre Irán para obligarlos a desmantelar su programa nuclear. Es un juego de «poker» con ojivas nucleares sobre la mesa. El viceministro iraní, Saed Khatibzadeh, ya avisó que no se van a dejar poner bajo sitio mientras EE.UU. «tuitea y habla mucho». La desconfianza es total y los intermediarios internacionales ya no saben cómo frenar el choque de estos dos gigantes.
Lo que está en juego en Ormuz no es solo el orgullo de dos presidentes; es el precio de la energía que pagamos todos. Argentina, que ya sufre aumentos descontrolados en los surtidores, mira con pánico este conflicto. Si Ormuz se cierra definitivamente, el barril de crudo se va a las nubes y el golpe al bolsillo de los laburantes será devastador. Trump prometió «información importante» para el final del día, pero en el terreno lo que se escuchan son cañonazos y amenazas de guerra total.
El régimen iraní redobló la apuesta: ahora exigen peajes y certificados de tránsito para cualquier barco, reclamando soberanía absoluta sobre un paso que es vital para la supervivencia económica de occidente. Estados Unidos considera esto un acto de piratería estatal. La tregua del próximo miércoles parece hoy una utopía lejana mientras los portaaviones estadounidenses y las lanchas misilísticas iraníes se miran fijo en las aguas del Golfo Pérsico.
Las próximas horas serán definitorias. O Trump logra un acuerdo de último minuto o el Estrecho de Ormuz se convertirá en el detonante de un conflicto de proporciones catastróficas. En un mundo incendiado, la mecha está en manos de dos líderes que no conocen la palabra «retroceder». El lunes, cuando abran los mercados y las estaciones de servicio, sabremos quién ganó este primer round de terror.
