Mientras los misiles cruzan el cielo en la otra punta del mundo, acá el bolsillo no descansa y ahora la crisis llega hasta el cajón de la mesa de luz.
Parece un chiste de mal gusto, pero la realidad es que la guerra entre Irán e Israel acaba de meterse directamente en tu intimidad. Karex, el gigante malayo que fabrica uno de cada cinco preservativos en el mundo, confirmó que los precios se disparan un 30% porque los insumos básicos, como el látex y los lubricantes, están por las nubes. ¿Quién hubiera dicho que un bloqueo en el Estrecho de Ormuz iba a terminar encareciendo tu cuidado personal?
El problema es que el nitrilo subió más del 100% en apenas unas semanas y el transporte marítimo es un caos total. Lo que antes tardaba un mes en llegar, ahora tarda dos, si es que el barco no queda atrapado en medio de las zonas de combate. Los fletes son impagables y, como siempre, las empresas no piensan perder un centavo: el costo se traslada completito al consumidor final, o sea, a vos.
Las marcas internacionales como Durex y Trojan ya están sintiendo el golpe, y ni hablar de los programas de salud pública que reparten anticonceptivos. Con la demanda global subiendo y las reservas mundiales en rojo, estamos frente a un escenario de escasez y precios prohibitivos. Mientras los líderes mundiales juegan a los soldaditos, el ciudadano de a pie tiene que elegir entre protegerse o llegar a fin de mes.
Lo peor es que esto no parece tener techo. Si la guerra sigue, el CEO de Karex ya avisó que habrá nuevos aumentos. El petróleo y sus derivados son la base de todo lo que usamos para cuidarnos, y con el Estrecho de Ormuz bajo fuego, el sexo seguro se está convirtiendo en un artículo de lujo para unos pocos privilegiados.
¿Cómo nos va a pegar esto en Buenos Aires, donde los precios ya son una locura? ¿Estamos listos para que cuidarse sea un privilegio de clase?
