El elenco nacional presenta un exclusivo concierto de música clásica, pero el sistema de reserva virtual vuelve a encender las quejas de los bonaerenses que quedan afuera.
La cultura de elite vuelve a instalarse en el centro de la escena con un nuevo espectáculo financiado por el Estado que genera fuertes cruces entre el público. La Orquesta Sinfónica Nacional se presentará este viernes en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad para interpretar obras postrománticas, un evento lujoso con acceso gratuito que despierta la furia de los habitantes de la provincia de Buenos Aires debido a las recurrentes dificultades y trabas del sistema online para conseguir las codiciadas ubicaciones en la Capital.
Bajo la dirección de la maestra invitada Yeny Delgado y con la participación del violinista Pablo Griggio, el concierto promete un despliegue de piezas complejas de Alexander Glazunov y Camille Saint-Saëns. El gran conflicto radica en que, a pesar de ser una propuesta solventada con los impuestos de toda la ciudadanía, las cotizadas butacas se agotan en pocos minutos a través de la web, dejando un sabor amargo entre quienes denuncian acomodos o fallas constantes en la plataforma.
Las quejas apuntan de lleno a las restricciones del sistema oficial, que apenas permite reservar dos localidades por persona desde dos días antes de la función. Para los ciudadanos del conurbano bonaerense, trasladarse hasta el edificio de la calle Sarmiento implica además un gasto extra en transporte que convierte el pase «gratuito» en un privilegio para unos pocos elegidos que residen cerca del centro porteño.
Para colmo, la alternativa que ofrece el gobierno nacional es seguir el evento a través de la transmisión en vivo de la radio online del palacio, un consuelo que causa indignación en las redes sociales. Los usuarios reclaman una descentralización real de las producciones artísticas de primer nivel, exigiendo que las bandas y los coros nacionales recorran los teatros del conurbano en lugar de concentrar toda la oferta en las salas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La cita musical de esta noche reaviva el debate histórico sobre la accesibilidad y el federalismo de los recursos culturales públicos. Mientras las entradas virtuales vuelan y el cupo se cierra de manera implacable, queda flotando la discusión sobre quiénes son los verdaderos beneficiarios de los grandes espectáculos que financia el país.
