La artista española continúa con la etapa estadounidense de su gira Lux, una propuesta escénica dividida en cuatro actos que combina distintas disciplinas artísticas y apuesta por unir tradición y modernidad.
Rosalía continúa recorriendo Estados Unidos con su gira Lux, un espectáculo que sorprendió al público del Madison Square Garden por su ambiciosa puesta en escena. La propuesta combina ballet clásico, flamenco, ópera y danza contemporánea en una estructura dividida en cuatro actos, donde la cantante explora distintos lenguajes artísticos sin abandonar la identidad que marcó su carrera.
El uso de zapatillas de punta suele despertar reparos dentro del mundo del ballet, ya que representan mucho más que un elemento estético. Para los bailarines profesionales, se trata de una herramienta que requiere años de entrenamiento y una técnica imposible de improvisar. Por eso, cuando Rosalía apareció en el escenario vestida como una bailarina clásica, con tutú y zapatillas de punta, la expectativa fue inmediata.
Aunque no posee la formación de una bailarina profesional, la cantante mostró un trabajo técnico que evidenció preparación y respeto por la disciplina. Durante la interpretación de Porcelana realizó movimientos como un arabesco en pareja y un bourré sobre puntas, además de una gestualidad de brazos y manos inspirada en el ballet clásico. La propuesta dejó en claro que el ballet no aparece como un simple recurso visual, sino como un lenguaje incorporado al espectáculo.
Ese mismo espíritu atraviesa también el álbum Lux. Rosalía, formada originalmente en el flamenco, construyó su carrera explorando cruces entre distintos géneros musicales. En este trabajo incorpora elementos de ópera e interpreta canciones en 13 idiomas diferentes, mientras que la gira traslada esa mezcla al plano coreográfico.
La repercusión del espectáculo también llegó desde figuras reconocidas del ambiente de la danza. Misty Copeland reaccionó al concierto con un emoji de «mente explotada», mientras que Tiler Peck destacó públicamente las imágenes compartidas por la cantante. Durante la presentación realizada en Houston, además, Rosalía invitó al escenario al primer bailarín del Houston Ballet, Harper Watters, quien elogió su compromiso con el arte del ballet y agradeció el cuidado con el que lo representa.
Gran parte de la construcción coreográfica de la gira estuvo a cargo del colectivo francés (La)Horde, integrado por Marine Brutti, Jonathan Debrouwer y Arthur Harel, quienes además dirigen el Ballet National de Marsella. Según explicaron, la idea de abrir el espectáculo con Rosalía caracterizada como bailarina fue iniciativa de la propia artista, una visión en la que decidieron confiar plenamente.
La producción también reúne el trabajo de Charm La’Donna, responsable de coreografías en espectáculos de figuras como Bad Bunny y Kendrick Lamar, además del coreógrafo griego Dimitris Papaioannou y del bailaor José Maya. El objetivo fue construir una experiencia que combinara el universo del museo, la iglesia, el club nocturno y el teatro de danza.
La segunda parte del show cambia completamente de atmósfera. Con el tema Berghain, inspirado en el famoso club berlinés, Rosalía abandona el vestuario clásico para aparecer con botas negras y una estética mucho más oscura. Allí la influencia de (La)Horde se vuelve más evidente, con una coreografía donde un grupo numeroso de bailarines interactúa constantemente con la cantante, generando una puesta física de gran impacto.
La canción incorpora además un remix electrónico que transforma el cierre en una secuencia de club nocturno, donde la artista abandona la imagen inicial de bailarina clásica para sumergirse en una interpretación mucho más intensa bajo luces estroboscópicas.
El espectáculo también recupera canciones de Motomami, el álbum lanzado en 2022. Durante la interpretación de Saoko, Rosalía despliega una faceta mucho más descontracturada, mezclando movimientos propios del pop con un inesperado interludio de jazz y coreografías que incluyen twerking.
Otra de las escenas destacadas corresponde a La Perla, creada por Dimitris Papaioannou. A través de un juego de ilusiones visuales, las manos enguantadas de los bailarines construyen diferentes figuras alrededor de Rosalía, transformándose sucesivamente en falda, halo y velo. El número logró una amplia repercusión en TikTok por su originalidad.
La influencia del flamenco permanece presente durante toda la gira. Canciones como De Madruga muestran el zapateo y los movimientos de muñecas propios de esa disciplina, provocando repetidos gritos de «¡olé!» entre el público. En La Rumba del Perdón, aunque la coreografía tiene un papel menor, la artista mantiene la esencia flamenca mediante el ritmo de las palmas y el trabajo corporal.
Ese recorrido previo dentro del flamenco también le permite desenvolverse con naturalidad al experimentar otros estilos de danza. A su alrededor la acompaña un elenco integrado por artistas con amplia experiencia, entre ellos ex integrantes del Ballet National de Marsella y del Nederlands Dans Theater, además de bailarines acostumbrados a grandes giras internacionales y producciones audiovisuales.
Según explicó el colectivo (La)Horde, el objetivo fue construir una verdadera compañía de danza y no simplemente un grupo de bailarines de acompañamiento, una característica que termina diferenciando la propuesta escénica de Lux.
El acto final recupera nuevamente la estética del ballet y los símbolos celestiales. Rosalía y el cuerpo de baile aparecen con grandes alas blancas que remiten tanto a El lago de los cisnes como a otras referencias visuales contemporáneas. Durante la interpretación de Focu ‘Ranni, la cantante asciende por una escalera ubicada al fondo del escenario y se deja caer hacia atrás con los brazos extendidos, en una escena que recuerda a la Reina Cisne.
Lejos de buscar una reproducción exacta del ballet clásico, el espectáculo presenta ese universo como un homenaje al esfuerzo, al aprendizaje y a la disciplina. La gira Lux termina convirtiéndose así en una celebración del trabajo artístico y de la búsqueda permanente por dominar nuevos lenguajes, mostrando una Rosalía que apuesta por desafiarse en cada nueva puesta en escena.
