La reforma política llegó al Senado y es un hervidero. Patricia Bullrich busca aliados desesperadamente mientras el PRO y la UCR le marcan la cancha con condiciones que huelen a pura especulación electoral.
El Gobierno nacional mandó su proyecto estrella para cambiar cómo votamos y se chocó de frente con la realidad: en el Congreso no los sigue nadie sin algo a cambio. Patricia Bullrich, ahora como jefa de bloque libertaria, está haciendo malabares porque sabe que el PRO de Macri no le va a soltar la mano a las PASO así porque sí. Los «socios» tienen miedo de quedarse sin herramientas para pelear listas y ya sugieren que las primarias sean optativas o internas cerradas, todo para no perder su tajada de poder en 2027.
La verdadera polémica, la que te va a volver loco cuando vayas a la urna, es el dichoso «casillero de lista completa». Quieren meter de prepo un botón para que votes a todos los candidatos de un mismo partido de un solo saque. Esto es un regalo para el peronismo y un dolor de cabeza para los que quieren elegir con libertad. ¿Nos quieren simplificar la vida o nos quieren arrear como ganado para que un candidato presidencial arrastre a cualquier impresentable en la lista de diputados?
Como si fuera poco, metieron una versión «hardcore» de Ficha Limpia. Ahora no solo los condenados por corrupción quedarían afuera, sino cualquiera con condena por delito doloso confirmada. Y ojo, que no es solo para candidatos: la prohibición llega hasta directores de empresas estatales y secretarios. ¿Están limpiando la política en serio o es una jugada maestra para proscribir a medio mundo y quedarse con todos los cargos?
La discusión que viene va a ser un mercado de pulgas. Se necesitan 37 votos y los partidos provinciales ya están sacando la calculadora. Mientras tanto, proponen que las empresas puedan poner plata en las campañas de forma «regulada» y quieren borrar la publicidad gratuita en la tele. Es decir, el que tiene la billetera más gorda, gana.
