Casi 1 de cada 3 argentinos con crédito tiene problemas para pagar y los bancos ya cerraron el grifo ante el desastre financiero.
La burbuja del consumo financiado explotó en la cara de las familias argentinas, dejando un tendal de 6,3 millones de personas atrapadas en deudas que no pueden cancelar. El dato es demoledor y marca la peor crisis de cumplimiento en más de veinte años, mientras el Gobierno ensaya explicaciones optimistas que chocan de frente con la realidad de los bolsillos bonaerenses y del resto del país.
La situación es crítica: la irregularidad en los préstamos bancarios se cuadruplicó en apenas doce meses, saltando de un insignificante 2,9% a un alarmante 11,2%. Pero el verdadero drama está en las fintech, esas aplicaciones que prometían dinero fácil y rápido: allí la morosidad ya perforó el techo del 25%, demostrando que el «alivio» financiero terminó siendo una trampa de intereses impagables para los sectores más vulnerables.
El informe del Banco Provincia es una bofetada para los que hablan de recuperación económica. La mora tiene un perfil cruelmente regresivo; castiga con más fuerza a quienes sacaron préstamos menores a un millón de pesos para llegar a fin de mes, mientras que los grandes créditos de más de diez millones mantienen su salud financiera. No es una crisis para todos, es un hundimiento para los de abajo.
Desde el Ministerio de Economía, Luis Caputo pide paciencia y habla de «coletazos» del pasado, pero la calle dice otra cosa. Con la irregularidad creciendo de manera ininterrumpida desde hace diecisiete meses, los bancos ya admiten que no tienen «ganas de dar más préstamos». El motor del crédito se fundió y el consumo masivo está en caída libre, por más que desde la Casa Rosada quieran dibujar números de ciencia ficción.
¿Hasta cuándo puede aguantar una sociedad que se endeuda para comer y ahora ni siquiera puede pagar el mínimo de la tarjeta? El escenario está planteado y los bancos ya eligieron su bando: el del ajuste total.
