La Casa Rosada montó una puesta en escena el 25 de Mayo mientras los funcionarios se sacan los ojos en las sombras
Las internas feroces dentro del oficialismo no se aguantan más y el gobierno tuvo que salir a armar un show de unidad para las cámaras. En pleno aniversario patrio, el presidente Javier Milei se asomó al balcón de la Casa Rosada con su hermana Karina y el asesor Santiago Caputo para intentar calmar las aguas, justo después de una semana donde los pases de factura y las acusaciones cruzadas por cuentas anónimas de Twitter dejaron al descubierto que el poder central está que arde.
La famosa postal del «Triángulo de Hierro» no es más que un manotazo de ahogado para disimular la guerra total que desató Caputo contra el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Se acusan mutuamente de operaciones mediáticas y de armar campañas sucias en redes sociales, pero en el Tedeum se tuvieron que abrazar a la fuerza frente a los ojos de todos para que el escándalo no siga escalando. ¿Alguien se cree este pacto de no agresión?
El nivel de tensión es tan alto que la ministra Patricia Bullrich terminó relegada a los últimos bancos de la Catedral Metropolitana, pagando el precio de haber osado cuestionar el patrimonio del vocero Manuel Adorni. Como si fuera poco, la vicepresidenta Victoria Villarruel fue directamente borrada de la agenda oficial y ni siquiera recibió la invitación para los actos protocolares, demostrando que la ruptura en la cúpula ya es total.
Mientras el país mira con indignación cómo los funcionarios se disputan el control de las redes y las cajas del Estado, la reunión de gabinete posterior intentó desviar la atención con discursos optimistas sobre la economía y las leyes del Congreso. La realidad es que el clima de desconfianza mutua es insostenible y los abrazos exagerados ante la prensa solo confirman que la tregua tiene fecha de vencimiento.
Las cartas están sobre la mesa y la mentira de la armonía libertaria ya no se sostiene sola. Queda por ver cuánto tiempo más van a poder ocultar los cuchillazos internos antes de que la gestión termine completamente paralizada por la soberbia de sus propios protagonistas.
