Las figuras más pesadas del oficialismo como Ramiro Marra y Agustín Laje rompieron el silencio y denunciaron que la mesa chica del gobierno le fabrica una realidad paralela al mandatario.
El relato de la unidad monolítica en las filas oficialistas se terminó de despedazar en las últimas horas de la manera más escandalosa posible. Los referentes de la primera hora del movimiento libertario salieron a cruzar con los tapones de punta a la conducción actual de La Libertad Avanza, desatando una batalla campal por el control de la información que le llega al jefe de Estado. La denuncia explícita de que el entorno presidencial construye un cerco informativo es un golpe directo al corazón del poder.
La interna feroz estalló tras los cuestionamientos hacia el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, acusado de operar con cuentas anónimas en redes sociales para atacar a sus propios compañeros de espacio. Aunque el presidente Javier Milei intentó calmar las aguas desde la cúpula, el exlegislador Ramiro Marra disparó munición gruesa en sus canales oficiales asegurando que le arman un diario de Yrigoyen al mandatario, una situación que él mismo padeció antes de su polémica expulsión.
A la ola de indignación se sumó el escritor Agustín Laje, quien calificó de inaceptable la manipulación de datos dentro de la estructura gubernamental y advirtió que la mentira está corroyendo las bases del proyecto político desde adentro. El nivel de virulencia de los reproches cruzados demuestra que la lealtad ciega ya no es una opción para los sectores fundadores que ven cómo los nuevos operadores se adueñan de las decisiones estratégicas.
Para echarle más nafta al fuego, los principales alfiles del ecosistema digital, encabezados por Daniel Parisini, confirmaron públicamente que las pruebas contra la presidencia de la Cámara Baja son reales y no un invento de la oposición. El quiebre público deja en evidencia que los filtros de la Casa Rosada fallaron y que la desconfianza mutua es total entre los funcionarios con despacho oficial y los militantes de las redes.
El conflicto interno queda abierto y amenaza con paralizar las próximas negociaciones legislativas en el territorio bonaerense y nacional. La militancia asiste con desconcierto a un espectáculo de canibalismo político donde la promesa de transparencia choca de frente con los vicios más tradicionales del manejo del poder y el ocultamiento de la realidad.
